El aire es un medio homogeneo, porque aunque es un compuesto formado por muchos elementos, todos ellos están muy bien mezclados, y no se pueden diferenciar a simple vista lo diversos componentes que lo conforman. Eso lo convierte en un medio ideal para transmitir la luz.
Pero en los tiempos de Huygens se creía en la existencia del Éter, aquella hipotética sustancia material, extremadamente ligera, que se suponía ocupaba todos los espacios vacíos.
Para Huygens, la luz era un movimiento vibratorio a través de este hipotético éter, que se difundía y producía la sensación de luz cuando era captado por el ojo. Con base en esta teoría, pudo deducir las leyes de la reflexión y la refracción de la luz. Pero no pudo explicar los patrones de interferencia que se provocan entre sí dos fuentes luminosas y que tienen aspecto de imagen "acuosa" sobre las superficies iluminadas. Por eso la teoría corpuscular de Newton, que gozaba de mayor prestigio, tuvo más peso que la teoría ondulatoria de Huygens durante más de cien años.









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